Estimados compañeros de proyecto, les envío algunos conceptos que encontré sobre cultura financiera, es una transcripción del libro: Competencia cultural y artística de Andrea Giráldez, es profesora titular de la universidad de Valladolid (Escuela universitaria de Segovia) y profesora invitada en los programas de doctorado “modelos didácticos: interculturalidad y aplicación de las nuevas tecnologías en las instituciones educativas” y “formación del profesorado en la didáctica y organización de las tareas del currículum y evaluación de las instituciones educativas” de la UNED (Universidad Nacional de Educación a Distancia) de España.
Aunque el tema central es sobre la cultura artística, creo que la lectura nos ofrece una oportunidad para analizar el propio concepto de cultura.
La noción de cultura es ciertamente vaga y confusa. En un sentido sociológico amplio, puede entenderse como el conjunto de las formas de vida y expresiones de una sociedad determinada que incluiría “los conocimientos, las creencias, el arte, la moral, las leyes, las costumbres y cualesquiera otras capacidades y hábitos adquiridos por el hombre como miembro de una sociedad” (tylor, 1871).
La cultura puede definirse como un conjunto de rasgos distintivos y de creaciones que caracterizan a una sociedad o grupo social. Desde este punto de vista su importancia radica en que a través de ella el ser humano puede expresarse y tomar conciencia de sí mismo, ya que, como se afirma en la “declaración de México sobre políticas culturales” de la UNESCO (1982).
“La cultura da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo, es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones. A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevos significados, y crea obras que lo trascienden.”
Etimológicamente la palabra cultura proviene del latín cultura, que significa “cultivar”. En español, según Corominas (1991), la palabra cultura está documentada desde 1515 y, aunque no lo dice expresamente, es de suponer que significa “cultivo de la tierra”. Con el tiempo, este significado ligado a la tierra y al mundo doméstico se fue desplazando a otro tipo de cultivos y, por extensión, se comenzó a usar metafóricamente asociada al cultivo del espíritu humano, de las facultades intelectuales del individuo, de la conciencia racional en sus variantes científica y tecnológica, y especialmente al desarrollo de las artes. En esta acepción que proviene de la concepción humanista decimonónica de la cultura y que aun hoy se conserva en el lenguaje común, el término se identifica con erudición, de modo tal que una persona “culta” es aquella que posee conocimiento en los más diversos ámbitos del saber o se usa para dar a entender que las personas conocedoras de las “bellas” artes , las música “seria” y la “gran” literatura son “cultas”, asumiendo que habría distintas categorías que nos llevarían hasta los “incultos” o carentes de cultura.
Sin embargo, si atendemos a algunas de las definiciones del término en las corrientes teóricas de la sociología y la antropología contemporáneas, comprobamos que la cultura se entiende en un sentido más amplio y vinculado a los social que, incluyendo a las artes y a las ciencias, no se limita a ellas, lo que nos lleva a definirla como un conjunto de valores que comparten los miembros de una sociedad, , las normas que pactan y los bienes materiales que producen, ya sean estos artísticos, científicos, económicos o de cualquier otra índole (Giddens, 1989). Desde esta perspectiva podemos afirmar que la cultura no es, entonces, algo que se tiene o de lo que se carece, sino que es una producción colectiva, y esta producción constituye un universo de significados que se transmite y transforma de generación en generación. En este sentido, el término denota una idea mucho más respetuosa para con los seres humanos, ya que elimina la distinción entre personas “cultas” e “incultas” heredada del romanticismo y la discriminación de pueblos considerados (especialmente desde el llamado primer mundo) inferiores, sólo por el hecho de tener una cultura diferente.
Bibliografía:
Giráldez, A. (2007). Competencia cultural y artística. Madrid: Alianza Editorial.
domingo, 27 de marzo de 2011
Un concepto sobre cultura financiera
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GENIAAAAAAAAAAA¡
ResponderEliminarGRAAAAAAAACIAS. LOS NECESITO PARA MI TESIS
SALUDOS DESDE PERÚ¡
:D